Te olvidaste de mí


Aún no logro entender
cómo todo ha confabulado
para traerme hasta aquí.
Siento que el canino que habíamos recorrido
se va perdiendo de a poco en la tristeza de mi corazón.

Algo mejor debería llegar algún día;
aun cuando he puesto todas mis esperanzas en ello,
bien sé que jamás ocurrirá
y en vez de dejarlo al olvido,
sigo anhelando aquello que nunca voy a alcanzar,
padeciendo cada desilusión.

En algún momento de tu inmensa eternidad, te has olvidado de mí
y no importa cuanto grite tras de ti;
jamás me notaras allí, en aquel frío lugar…

Sería mejor aceptar la realidad;
dejar que el débil susurro se extinga en el olvido,
de todas formas nadie lo notará.
Todas las palabras, todos los argumentos
pierden fuerza cuando siento que estás tan lejos.

Dejar toda mi existencia en la oscuridad,
seguir mutilando mi cuerpo,
matar a mi alma,
es lo que ahora quiero;
¡no puedes hacer nada!
porque de cualquier forma
tú… ya estás ausente de todo esto.

Morgan Le Sorcier. 12-06-08

Tierra bella y siniestra II – Mi delirio de agonía por ti


Tierra siniestra,
no te basta con mis lágrimas,
no te basta con mi dolor.
Ahora me mueves usando a la luna,
te apoderas también de mí.
Necesitas mi llanto,
necesitas que mi sangre corra hacia ti.

Sabías que el guardián jamás iba a llegar;
tú sabías todo lo que iba a pasar
y sabes que este metal afilado va a romper mi piel…

Me obligas a mentir;
cómo te gusta verme así.
La delicada piel,
la delicada creación de Dios, marcada;
obligada a sanar el dolor del alma
¿o es el alma lo que estoy sangrando?
Aún no entiendo si es tan grande el sacrificio;
¿te estoy entregando mi alma?

Explícame por qué siento tanto placer al sangrar…
¡Por qué me hiciste así?,
¿por qué me quitaste las ganas de vivir?,
¿por qué haces que a veces parezca que vale la pena?;
tú me quitas el aliento y las fuerzas…

  
 
  
 
Nando. 03-08-10

Ecotono


Un día me convertí en mi propio mal
para saber que ya nadie me podía dañar.
Los sentimientos se volvieron nublados,
pero a pesar de la soledad, no lo aparté de mi lado.

Mi mente dispersa en la tristeza
del hastío, de vivir en esta aterradora tierra,
nunca me dejó ver esto:
me cambió la vida y mi propio ser siniestro.

Mi alma se volvió ciega al perdón,
juzgando hasta el más mínimo error,
buscando en los demás la imposible perfección,
condenando la más mínima equivocación.

La ira intensa fue mi reclamo:
desde aquí los detalles no parecían tan hermosos,
no los notaba mientras intentaba salir del barro.

Dejé de ser un buen ser humano;
estuve perdido, descansando de la culpa al otro lado.
Ahora sé que mi corazón conserva el instinto malvado,
instinto que no merece ser perdonado.

Tengo lo suficiente para dar el siguiente paso.
Llevo el dolor en el alma de haberlos herido,
pero sin esta tristeza, jamás lo hubiera entendido.
…A dejar que los sueños se esfumen en el ocaso…
 
Morgan Le Sorcier. 07-11-10

Inquietud entre las sombras


Inquietud entre las sombras del bosque maldito;
las hojas y tus ropas se agitan por el viento.
Tu alma grita que escapes del sufrimiento infinito;
te sientes tan agotado, casi sin aliento…

La lluvia intensa sucumbe sobre tu piel fría.
Te enceguecen fugaces destellos azules.
Si te detienes ahora, él va a terminar con tu vida;
sientes como te hieren las ramas mientras huyes.

Te abraza la oscuridad y violentos estruendos;
nunca antes ese sonido te aterrorizó tanto.
No sabes hacia dónde seguir corriendo;
su obsesiva condena de muerte te está alcanzando.

Es el momento en el que ya no puedes escapar;
su sombra siniestra al fin te atrapó.
Con golpes de puño, comienza a atacar.
Solo puedes dar gritos desesperados de horror.

No puedes pelear; sus manos presionan tu cuello.
Pronto morirás entre sus brazos, ya es un hecho.
Te apagas lentamente mientras te arrastra al infierno.
Él da el golpe final: te apuñala en el pecho…

Es la misma lluvia y el mismo frío viento
(solo eres el rehús de su plan macabro).
Son los mismos árboles el cielo cubriendo.
Tu ser inerte ahora yace sobre el verde manto.

Sufriendo tu cruel destino, te alejas de tu cuerpo;
no quieres estar cerca de donde te asesinaron.
Te haces consciente; notas que vas vestido de negro
y en tus manos, teñido en sangre, el filo con que te mataron…

Morgan Le Sorcier. 17-10-10

Avión


El avión de los lindos colores
vuela de verdad y vino sin armar en un sobre.

Yo estaba muriendo por dentro;
quería estar contigo para vencerlo.

Me diste de comer en abundancia
y alimentaste también a mi alma con tu gracia.

Jugué contigo una carrera de autos;
perdí vergonzosamente pues soy novato.

El disco entró cincuenta veces al arco
y las pelotas de colores, otras cincuenta al aro.

Ahora tengo este avión que me diste,
que lleva mi mente lejos de la tierra triste.

Su color azul y su arcoíris me capturan;
hacen sonreír a mi alma; juego a que el cielo surcan.

Me siento como un niño de los que buscan
y hacen que los sueños más imposibles se cumplan.

Paso largos minutos sosteniendo su material liviano,
mirándolo por todos lados.

Mil veces a la libertad del aire lo he de lanzar;
mil veces va a despegar y aterrizar.

Cuando el entretenido juguete esté roto y gastado,
en la caja de las cosas importantes quedará guardado


y en mi corazón, la alegría; en mi mente, el recuerdo
de lo entretenido de haber sido… parte de su vuelo.

«A Nini Romeo»

Morgan Le Sorcier. 20-08-10

El Brujo que vivió durante un día


«El Brujo que vivió durante un día se despide del Príncipe del beso de la vida».

Un Brujo de alma negra le habló un día,
usando su magia oscura a la distancia,
a un Príncipe misterioso que no conocía.
La conversación fue entretenida y sin ansias.

En el agua de la fuente, el Brujo veía
la cara del Príncipe, que en su castillo estaba;
con rostro alegre todo el tiempo reía,
le causaba gracia lo que el Brujo le hablaba.

Un día, el Brujo le dijo al azul sanguíneo:
déjeme conjurar para ir donde usted esté.
El Príncipe dijo sí, y acordaron el sitio.
El Brujo buscaba amistad, mas no lo que vendría después.

La noche de aquel día se conocieron al fin
bajo la mirada de la luna en la ciudad.
En sus bocas, pusieron sabores fríos mientras caminaban por ahí
y en la carrosa del Príncipe, buscaron la soledad.

El Brujo tenía veintiún conjuros de invierno en las manos;
el Príncipe por siete más lo pasaba.
Brujo ya impuro, pero jamás amado,
sintió lo que es estar vivo; el Príncipe lo besaba…

Pequeño Brujo se olvidó de sus heridas y del hastío;
caminaba por las calles ausente de la realidad.
Ya no quería morir; deseaba estar para siempre vivo.
El negro vacío se llenó de pronto de claridad.

El Brujo esperó y buscó. Pasó tanto tiempo…
El Príncipe desapareció; las plegarias casi no contestó.
Cada hora que pasó, la oscuridad volvió a su reino
en el corazón y alma del Brujo, otra vez lo invadió.

El Brujo (hurgando el mundo en el agua) miró
en un paseo nocturno con tristeza lo que temía:
el Príncipe anunciaba a viva voz
que un amor con otro hombre tenía.

El brujo le preguntó al Príncipe —¿por quién me cambió usted?
El Príncipe respondió —me enamoré; no lo pude evitar.
El Brujo se despidió, mostrándole la realidad cruel;
no aceptó la idea del Príncipe de continuar con una amistad.

Con lágrimas en los ojos, el Brujo decidió:
todos los caminos que daban al Príncipe, hizo desaparecer.
Con una daga, mató todo lo que por el Príncipe sintió;
como tantas veces, su alma vio desfallecer.

Cuando el Brujo despertó del letargo en el abismo,
miró su alma, otra vez herida y consumida;
se levantó para seguir con sus conjuros y hechizos;
después de todo es brujo y, como tal, sabía lo que pasaría…

 
 
 
 
Morgan Le Sorcier. 23-08-10

Hipocresía de buena crianza

 
Eres como una moneda de oro;
le caes bien a casi todos.
Te vuelves un ícono en todas partes;
realmente no me interesa,
si soy una sombra de ti, no me molesta.

Muchos de tus buenos amigos
simplemente me ignoran cuando no estoy contigo.
Es como si no notaran mi presencia,
y cuando te acompaño,
mágicamente desaparece mi ausencia.

Yo no les importo en lo más mínimo;
solo es falsa buena crianza.
¡Qué incomodo me siento cuando esto pasa!,
preferiría que aun contigo no me notaran…

Tú sabes que siempre he sido de bajo perfil;
si preguntas por mí, eso te contestarán.
Desde que me acerqué a ti,
a muchos conocí, amistad por amistad;
eso es empatía prestada para mí.

Ellos creen que porque estoy en tu camino
y mis pasos van tras los tuyos,
seré tu reflejo, seremos tan parecidos;
no se dan cuenta de que somos tan distintos
que podríamos chocar… y ser los peores enemigos.
 
Morgan Le Sorcier. 17-08-10

El veneno negro y mi final

  
«El veneno negro apagó mis pensamientos, terminó con mi vida... ¿Está ahora usted contento?».

Azulada libertad en su seno.
Asombrosa claridad del rey de fuego;
sus rayos de sol llegaban hasta aquí
y arriba, el eterno movimiento
hacía bailar agua de mar, aire de cielo;
nos daba la vida, hacía nuestro lugar bello.

Aquí la libertad se sentía en extenso:
podía cerrar los ojos y dejar que acariciara mi cuerpo;
podía ir tan rápido…; podía caer suave, lento;
y esconder mi fragilidad en la oscuridad,
en la suave inmensidad que cubre mi mundo completo;
o dormir mientras oía infinidad de ecos.

Ese día no imaginamos que iba a pasar esto.
Violento estruendo siniestro
y ellos cayeron, se hundieron.
Sentí como tocaron la arena del suelo;
parecía el pulso de una melodía de duelo.
Vi como las almas les huían del cuerpo;
subiendo en burbujas, se fueron;
una me rozó la piel, me quemó por dentro…

Sentí el miedo de un desconocido.
Vi por un segundo en lo que nos convertimos.
La negra capa de la muerte que vino a cubrirnos
ha vuelto estas aguas grises, las ha dejado yermas.
Pronto estaré sumido en el sueño eterno;
será mejor que seguir agonizando en el oscuro averno
y quizá sea mejor que todos cesemos de este sufrimiento.

Aún no entiendo qué hicimos
para recibir esta condena,
el infernal abrazo que nunca pedimos,
sostenido en el pilar de muerte
que se yergue desde nuestro suelo.
Aquí ya nada vive, nadie sueña;
ya no bailan agua de mar, aire de cielo.
Nuestras vidas se apagan lentamente para siempre…
 
 
 
 
Morgan Le Sorcier. 04-08-10

Están desconectados


Tus labios fríos, tus lentos respiros; mi alma quiere escapar.
La sangre cayendo gota a gota, ensuciando esta triste soledad
y su aroma de anís envolviendo mis sentidos, haciéndome caer,
llevándome tan abajo… que no me puedo levantar.

El dolor de esta melancólica noche te amarra tan fuerte.
El suicidio se vuelve tan tentador en momentos como este
y yo no puedo ayudarte a dejar de sangrar;
también me siento muerto, sin ganas de respirar.

Conozco tu sufrimiento, sé cómo se siente.
Déjame tomar tu mano y que tu tormento devore mi mente;
sé que suena tan cínico, tan vacío, tan cerca de una mentira
porque nadie puede vivir tu vida…

Hay tantos que no sienten, parecen estar desconectados;
estatuas de rígida frialdad, afilada crueldad.
Piensas que jamás tocaré el agua que derrama tu tempestad,
pero mis manos están empapadas por las lágrimas que me han secado.

Viajan palabras de consuelo y miles de sentimientos,
todas parecen tan inútiles comparadas al silencio.
Mientras escribo sintiendo el dolor, sigo llenando y dando más peso
a esta, mi tierra amarga, mi mar rojo, mi frío viento.

Mi mente enferma, afiebrada en la tristeza intensa,
anhela igual que tú abrazar la soledad; adormecer mi corazón;
no tener más que el profundo vacío; no sentir más que tu presencia cerca
sin decir palabra alguna, que es inútil en medio de toda esta desolación.
 
 
 
 
Morgan Le Sorcier. 19-06-10

Fantasmas


En la tibia oscuridad del descanso,
en la suave pasividad somnolienta,
se da la obertura a la violenta cadencia.

El aire corre como las olas de un mar en tormento;
hace lento el tiempo
y al cerrar los ojos en umbra, los siento.

Ellos rodean mi lecho;
vagan de un lado a otro, llorando el desprecio.
Gritan para ser salvados; gritan, están atrapados.,

encerrados en la negra armonía
que les llevó la mente, que les robó la esencia.
Intentan inútilmente volver a la vida.

Menguan, se esfuman y cantan.
Respiran tétricamente, tan cerca…
que la niebla de los sueños que me cubre se espanta.

El miedo vuelve; el frío me envuelve.
La agitación se hace inmensa.
Mi corazón golpea con fuerza intensa.

Mi alma se quiere unir al delirio etéreo
para huir, para dejar de sentir en este frío encierro:
el dolor, la alegría y el miedo…

Los sonidos me estremecen, el final se acerca,
y me siguen rondando los haraposos fantasmas.
¿Es este el momento de dejar también mi esencia?

La desesperante angustia, ellos sintieron;
en el caótico final de una melodía murieron.
Creyeron estar entregándose al cielo:

no hubo cielo, ni la nada, ni el infierno.
No lograron escapar del sufrimiento.
Atrapados en el aire sin voz, sin razón; ¡es eterno!

Silencio…; ya no los siento. Ha terminado la agitación.
Decido permanecer en la placentera tristeza.
Se extingue el miedo hasta la siguiente canción...

Morgan Le Sorcier. 19-05-10

Tierra bella y siniestra I

  
Tierra bella y siniestra,
que atrapas nuestros sueños en tu esencia,
que usas nuestras vidas para dar sentencia muerta;
¿por qué no les muestras?:

como ellos, también somos humanos.
Nuestras vidas se consumen en el tiempo, somos mortales;
hijos del mismo universo, pero no somos iguales.
Nosotros, la daga asesina que empuñan tus manos.

Nos das la felicidad de una sonrisa llena de maldad
cuando nos presentas por completo a la luna,
tu misteriosa esclava cautiva por la eternidad,
que brilla en medio de la oscuridad nocturna.

Levantas nuestros rostros hacia ella;
posesión violenta. Se hace más fácil caminar sobre la realidad,
hipnotizados, sintiendo en el alma las ganas de dañar.
Alucinante luna, alucinante tierra bella…

Como en un ritual de sacrificio,
los tienes frente a ti tendidos, engañados,
mientras el-filo-de-tu-odio airado
pesa cargado de tus ansias de venganza, cual maleficio,
sobre sus fríos corazones malvados.

Plantaste semillas de destrucción en tu vientre;
echaron raíces en nuestras mentes.
Calmas su sed con el dolor que corre en cascada,
tibia y amarga tortura bajo nuestras miradas.

Tierra bella, tierra siniestra,
voy a llorar y destruir hasta que mi espíritu se desvanezca.
Mi voz, mi mente volverán a ti cuando ya no sirva sufrir

y, feliz de mi suerte, aceptaré mi fin:
ser parte de tu gran venganza, ser tu escudo para no verte morir…
 
  
  
   
 
Morgan Le Sorcier. 24-03-10

Dios quiere engrandecer al protector de los hombres


«Desde las primeras horas del día, siento que me hace falta tu compañía. En la soledad, levanto mi cuerpo cansado, que solo anhela tenerte a su lado».

Mi mente viaja tan lejos: pasa sobre bosques espesos,
sobre montañas y cerros, sobre ríos inmensos;
todos ellos se pierden rápido bajo mi vuelo
y yo me pierdo entre las ligeras nubes que me privan tu cielo.

Cuando al fin te encuentro,
me dejo caer como un paño gastado sobre tu techo;
desde allí, tendido, te observo.
Me gustaría poder descansar sobre tu pecho.

Imagino tu tez y tus ojos perdidos
en el horizonte vacío y sombrío;
mi horizonte no es menos oscuro, no está menos vacío.
Somos dos mentes perdidas, dos guerreros vencidos.

En mi, florece la incontenible necesidad
de tocar tu cara, tus manos.
Olvido lo lejos que estamos
y yo necesito sentir el calor de tu humanidad…

Como un loco en su trance desconocido,
levanto mi mano para alcanzarte,
sin recordar que solo mi mente ha recorrido
toda esa distancia en un ínfimo instante.

Casi escapo sin querer de mi cuerpo
al intentar robarte un beso.
Todo esto es un sueño; estoy seguro de eso,
pero me siento bien aquí, por eso, aún no despierto.

Mi respiración se convierte en suspiros, se hace lenta.
Mi ser se estremece al notar tu ausencia.
La realidad fría y sincera me ha traído de vuelta.
Triste contemplo como ante mí… se desvanece tu esencia…

Morgan Le Sorcier. 14-02-10

La plegaria

 
«Elevo una plegaria a la oscuridad divina, esperando que él jamás pueda tocar mi vida».

Esta perdido;
su mente, en un mar de egoísmo y soberbia ha sumergido.
Intenta atacarme; se ha confundido.
No puede matarme, ni tan siquiera tocarme…

Que no se cruce en mi camino:
mi senda para él es muerte.
Que jamás se enfrente conmigo
porque la fuerza de mi voz
lo aniquilará para siempre.

Que no mire mi cara:
mi mirada le arrebatará el alma
y mis lágrimas derramadas
teñirán de dolor su calma.

Que no me hable:
de mi saldrán palabras para maldecirle;
mi boca sólo hilara frases
que como espinas agudas buscarán herirle.

Que no se meta con los míos
porque hasta mi sangre voy a usar para cuidarlos
y si tengo que dejarlo en su tumba tendido,
mi consciencia no va a dudarlo.

Que no toque al que yo elegí para ser mi guardián
o mi ira completa, en su contra voy a desatar:
mis propias manos su cuello rodearán;
su vida no voy a cortar,
pero su completa existencia voy a secar…
 
Morgan Le Sorcier. 21-01-10

Sendero infértil

  
«Ya no puedo recuperar la voz que la sal me quitó; ahora solo me queda decir adiós».

Un día de viento en septiembre
con el alma herida como siempre,
crucé triste la puerta inmensa;
allí se volvió intensa mi existencia.

En mi mente confundida repetía:
pasaré solo esta estadía,
pero en menos de lo que se podía esperar,
mi corazón comenzó a suplicar,
él me pedía compañía.
Desde aquel momento,
no puedo ocultar más mis pensamientos…

Quizá jamás se vuelvan a cruzar nuestras vidas,
pero en mi mente, van a quedar para siempre escondidas
todas las imágenes de sus almas,
las que fueron la gran compañía de la mía.
También puede ser que nunca jamás
se pueda escapar a aquel nudo tenaz
que amarra a la gente en grandiosa amistad.

En este lugar caluroso y frío, siempre sombrío;
encontré a mis compañeros, conocidos y amigos
que han hecho más alegre este difícil, eterno camino.
Por eso, les doy las gracias y me despido…

Y a diferencia del arribo:
este día seco y febril de enero,
con el alma herida, pero sintiéndome vivo,
abandono este infértil sendero,
regado de semillas hermosas
que se pierden en el largo olvido.
 
Morgan Le Sorcier. 07-01-10