Ecotono


Un día me convertí en mi propio mal
para saber que ya nadie me podía dañar.
Los sentimientos se volvieron nublados,
pero a pesar de la soledad, no lo aparté de mi lado.

Mi mente dispersa en la tristeza
del hastío, de vivir en esta aterradora tierra,
nunca me dejó ver esto:
me cambió la vida y mi propio ser siniestro.

Mi alma se volvió ciega al perdón,
juzgando hasta el más mínimo error,
buscando en los demás la imposible perfección,
condenando la más mínima equivocación.

La ira intensa fue mi reclamo:
desde aquí los detalles no parecían tan hermosos,
no los notaba mientras intentaba salir del barro.

Dejé de ser un buen ser humano;
estuve perdido, descansando de la culpa al otro lado.
Ahora sé que mi corazón conserva el instinto malvado,
instinto que no merece ser perdonado.

Tengo lo suficiente para dar el siguiente paso.
Llevo el dolor en el alma de haberlos herido,
pero sin esta tristeza, jamás lo hubiera entendido.
…A dejar que los sueños se esfumen en el ocaso…
 
Morgan Le Sorcier. 07-11-10