La muerte de María Bella

 
Olvidaste cerrar la puerta de tu patio;
la imagen viene a mi mente mientras
peleo a puño limpio con el malo.
Tu olvido fue como preguntarle ¿no entras?

Ya no puedo hacer nada por ti, estás muerta.
La tierra empapada en tu sangre,
imagen siniestra.
Le quito la mirada a tu cadáver (el suelo arde).

Por momentos parece que me supera;
está tan cerca de entrar a la casa…
Nos quiere arrancar el alma como a la pobre María Bella.
Aunque nos perdamos en el infierno, este de aquí no pasa.

Oh María Bella, si hubieras cerrado esa puerta,
esto jamás habría pasado,
ahora no estarías muerta;
no estaría muriendo para salvarnos, atormentados.

Nunca ya más me he de extinguir.
En profanar sus almas encontré la eternidad;
su inocencia perpetuó mi existir.
En mi poder van a sufrir; yo no sé de piedad.

Deja este lugar, ¡te lo ordeno!
Vuelve a padecer bajo tu férvido manto de espinos.
Al encierro en tinieblas, te condeno.
Vete ya. No hay más. ¡Ese es tu destino…!

Morgan Le Sorcier. 25-02-11

Que cese

 
Mi mente es la que siempre se oscurece;
ya no estoy seguro de nada.
Solo anhelo enfermizamente
que el hastío cese,
la muerte sea mi siguiente parada,
y así perderme eternamente...

 
Morgan Le Sorcier. 22-02-11

Sátira

 
La ira me arrebata el preciado letargo
y este incomodo sentir me cubre
como densas lenguas de fuego
cuando te escucho reír cruelmente,
cuando soy testigo de tu parodia hiriente.

A veces, decimos cosas sin pensar;
sin voluntad no hay culpa que juzgar,
pero para ti es tan fácil hablar,
casi tan fácil como respirar.
Lo que para ti es risa y felicidad
para mí son insultos y crueldad.

Con tus palabras, vuelves putrefacto
todo lo que no se puede podrir:
como agua verde que no es de un charco
o miel negra, miel que es igual a ti
porque tus lesivos tratos son voluntarios.

En ocasiones, nos sobra tolerancia
con quienes nos interesan o nos interesa su gracia,
pero juzgamos con brazo rígido
a quienes consideramos como de otra raza.

¡Es verdad!;
yo no puedo cruzar a pie descalzo
por río de piedra aguda para justificar al insensato
que, sin respeto a su vida, quiso ser tu caricatura.

Pero la falta de cordura de unos no te da derecho
a tratarnos a todos como basura
y si somos tan desagradables para ti,
entonces tampoco nos uses para tu burla;
¡¡nosotros no estamos para hacerte reír!!

Morgan Le Sorcier. 09-02-11