Accidente

 
Camino lento, me aproximo a la esquina;
la luz del semáforo acaba de cambiar.
Me detengo con la mirada perdida.
Mi cuerpo se relaja; mis manos están tibias;
mi mente me lleva lejos, comienzo a pensar:

Lo que queda por hacer el resto del día;
cuánto tardaré en llegar al destino;
y el sueño de esta noche, mi despertar repentino…,
pero más allá de lo trivial de mi reflexión vacía,
pienso acerca de la vida y su hilar fino.

Pasan los segundos y parecen minutos.
Deambula la gente, pero su presencia no está.
Me paseo dormido, resolviendo el mundo,
mientras inmóvil, absorto, noto los autos pasar.
Es tiempo suficiente; debería cruzar.

Luz verde, y caigo estrepitosamente a la realidad.
Me desprendo del universo; doy los primeros pasos.
El extraño silencio que anuncia la muerte me sigue.
Miro al costado izquierdo; me paralizo aterrorizado.
La nada, oscuridad… La consciencia arrebatada sin piedad.

No me puedo mover, pero escucho el respirador artificial.
El dolor cae gota a gota como el llanto que no puedo derramar.
Mi querido universo, una vez más, me viene a buscar.
Al volver sé que estás aquí; oigo cada palabra.
Te quiero ver antes de que mi fuerza decaiga.

Los latidos de mi corazón se vuelven débiles.
No logro hacerme consciente del transcurso del tiempo.
Una y otra vez, voy y regreso de entre los sueños;
cada vez siento menos ganas de volver de ellos.
La máquina me obliga a dar respiros estériles…

Un largo silencio tras la intensa agonía.
No soy el mismo; no hay nada más que perder.
Me levando tan tranquilo como cuando dormía.
Después de un par de segundos, volteo a ver.
Sobre la cama, mi cuerpo abatido…, sin vida…

 
Morgan Le Sorcier. 14-10-12