Abajo, en el descanso eterno

   
Las cicatrices fueron tan profundas
—todo dice que ya terminó—,
pero mi mente sigue pensando en sangrar.
Sigo sintiendo que la vida es una alucinación
de la que, con la muerte, quiero despertar.

—En mi alma, siento el peso de mil años
de tristeza, soledad y frustración.
Ellos nunca lograrán total comprensión
del abatimiento de no poder salir aunque se intente
o el dolor por ser diferente.

Su crueldad marcó mi espíritu;
me refugié donde sabía que estaba a salvo,
pero mi corazón ya estaba agrietado.
De la herida mortal, la última gota cayó.
Decidí terminar; sin vida, quizá se calme el dolor—.

El destino me llevó a ver los detalles,
sin quererlo, del cruel acontecimiento.
Fue volver a vivir un fragmento del tiempo
donde las lágrimas bajaban al encuentro,
una vez más en mi regazo, de la sangre.

—Esta herida mortal nunca sanará;
cada sonrisa tendrá oculta, hasta mi día final,
la profunda tristeza de mi ser cautivo
entre los remiendos de mi alma destruida
y el lacerante frío de mi corazón sin vida.

En la oscuridad, que no alumbra el día,
rodeé mi cuello de muerte y descanso eterno
para nunca volver a sentir el puño feroz
golpear mis sentimientos o los de los que quería,
y di el último salto de mi vida al cielo—.

Desde aquel día, una vieja herida en mi alma
se abrió y volvieron a caer dolorosas lágrimas.
Ya no quiero volver a subir al tren de la muerte;
cada vez que bajo las escaleras, siento
como si estuviera descendiendo al infierno.

—Todo dice que ya terminó—,
pero mi mente sigue pensando en sangrar.
Mis brazos —Mi cuello fueron cubiertos por negro dolor
como un hito perpetuo que siempre recuerda
que las marcas de mi alma no sanarán…
  
..::En memoria de Felipe Díaz Brito y todos los que han muerto de tristeza::..
  
Morgan Le Sorcier. 09-05-15